sábado, 30 de julio de 2011

prueba2

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La duración de los empeños simples

Prueba

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miércoles, 17 de noviembre de 2010

Mini Cuento colectivo

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Ejercicio de taller de la Universidad Mundial

Las propinas de la tarde no habían estado del todo malas, pero aún así Juan decidió no comprar nada para cenar de camino a casa.
Fuera de una tienda encontró a un niño a punto de ser golpeado por un hombre. Juan, apresurado, rescató al niño de los golpes notando que era un ladrón, pagó lo robado quedándose sin las propinas e intentó sacarle información al pequeño y lo único que obtuvo fue su nombre: Kain se llamaba. (Reina Winkler)

Juan decidió doblar turno, empezó muy bien la faena, dentro de los visitantes entra una mujer, pero se dirige directamente al mesero, por los ademanes no era de placer ese intercambio: su exesposa le exigía la pensión por su divorcio, lo amenazaba con denunciar su falta de compromiso. El gerente del restaurant observa el altercado porque altera el orden, algunos comanzales se inquietan y se van. (Ricardo Meza)

En ese momento el gerente despide a Juan, dejándolo desempleado. Juan, desolado camina por la calle y llega a la tienda donde conoció a Kain, juntos compran pan y un litro de leche y caminan por la calle platicando mientras la tarde cae a lo lejos. (José Maldonado)

sábado, 2 de octubre de 2010

Sin título

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Este era un enano normal, con un trabajo normal, una vida normal y un carro normal, pero tenía un secreto que lo distinguía de la gente común. Él era un psíquico y podía controlar lo que la gente hacía, es decir, que controlaba a la gente. 


Él se llamaba Siff y trabajaba en un teatro como conserje, era muy poco conocido, casi invisible, su aventura comienza cuando descubre sus poderes.


El despierta una mañana, se voltea y ve a su esposa, sale despacio de la cama para no despertarla, va a la habitacion de sus hijos, les da un beso y los tapa. Baja a la cocina y prepara el cafe, un amargo pero dulce despertar. Ve que esta nublado, pero sin embargo el sonríe. Se sube a su carro y sale a trabajar.

Empieza trapeando el corredor principal, y como siempre el señor Harrys va con el cafe para su Jefe, dejando un rastro de café por el suelo, lo que lo obligara a trapear de nuevo.


Casi son las 2:00, y él ya esta empezando a oler la sopa que prepara su esposa, de repente por el pasillo se asoma el sr. Harrys y le dice que el Jefe lo quiere ver, él con buena cara avanza hacia la oficina, abre la puerta y ahí está el Jefe, siempre con su traje negro y con su cara de haber comido un limán. El Jefe abre la boca y dice- Estas despedido-. A Siff se le borra la cara de alegría para sentir un gran peso y una trsteza profunda- Lo siento Siff, pero no tenemos fondos, y pues teníamos que recortar empleados-. 


Siff no dice nada, sólo se levanta, se acerca al Jefe y lo mira a los ojos, el Jefe empieza a tener movimientos involuntarios, casi como calosfríos, hasta que se queda ahi, sentado, sin moverse, hablar o parpadear, lo mismo hace con el sr. Harrys. Siff se sienta en una silla y dice- Los dos, vengan aca- Los dos hombres se juntan y caminan hacia donde está Siff- Quiero que me devuelvan mi trabajo, y que el sr. Harrys le traiga el cafe antes de que yo trapee-. Los dos hombres siguen igual, ahí parados. A continuacion Siff da un aplauso y los hombres vuelven a la realidad, el Jefe voltea a ver a Siff y le dice- ¡Qué haces aquí Siff, ve a trapear la sala de utilería!.

Luis Daniel Rojas
15 años.


viernes, 27 de agosto de 2010

Día de examen

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Me desperté, le dije buenos días a mi novia y esperé en la cama hasta despertar completamente. Al levantarme de la cama y con el ánimo de empezar bien el día, sentí en mi pecho una fuerza que  empujaba hacia adentro, como cuando corro dejando entrar mucho aire a mis pulmones y duele. No le di importancia, en ese momento recordé que tenía que terminar de redactar el examen de francés para los alumnos del colegio, aunque no tenía ganas de sentarme a dedicarle mucho tiempo, lo hice. No pude en ningún momento acomodarme bien, sentía irritación en mi espalda, que atribuí a las siestas en la playa en días de verano que ciertamente son dañinos.
Terminé por fin de redactar el examen y me dispuse a preparar mi comida, durante el proceso tire todos los trastes que estaban en el estante, la alacena quedo toda revuelta y no podía entender como había podido despertar tan torpe. Mientras yo estaba en casa mi novia había salido a hacer algunas diligencias, cuando regresó lo primero que vio fue una planta en medio de la cocina, una planta con ramas largas y espinosas de hojas chicas pero gruesas que salía de mi espalda. Tire todo lo que estaba  detrás de mí cuando me levante para saludar a mi novia. Ella estaba ahí parada viéndome, cosa que me desesperó, porque los platillos que estaba preparando se habían empezado a quemar y no me ayudaba porque estaba ahí parada viéndome. Tuve que preparar una guarnición y pedir pizza para llevar, porque se hacía tarde.
Terminamos de comer y fui al colegio a aplicar los exámenes, los alumnos estaban muy nerviosos porque se dieron cuenta que el examen estaba muy difícil, pues claro, era el examen extraordinario. Me fui feliz porque no incomodé a nadie con mis acciones pero sí con mis evaluaciones.
Regresé a casa y tuve que podarme un poco para dejar descansar a mi novia. 


Gonzalo Avilés
Taller U.M.

miércoles, 11 de agosto de 2010

AZUL MARINO

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El viaje comenzó hace mucho tiempo, aun no sabemos cuando, todo está tranquilo y azul alrededor. Nuestro cachalote se encuentra cerca, siempre le hablamos de los peligros de nadar sol@s a distancia.

A lo lejos escuchamos a otro grupo de viajeros, no podemos verlos, pero sí escucho el canto de su tristeza. ¿Por qué están tan tristes? ¿Estarán perdidos?

Al aproximarnos ya no es tan azul y cada vez es más triste, ya no podemos ver nada, está muy oscuro y algo sabe mal… sabe a crudo…espeso…ya todo es negro…sabe a nada. Sabía que no debía seguir la corriente.

Waka Fischer
Taller de la U.M.

Las agujetas

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En Tangamandapio las cosas nuevas eran sorprendentes. Recuerdo que una familia compró una televisión, todos querían verla, la familia puso horarios pero sólo los familiares y amigos la veían, lo bueno fue cuando tuvieron la primera alberca, el padre cobraba la entrada y sí valía la pena en ese entonces.

Otra cosa que recuerdo son los animales, como las luciérnagas con las que jugaba tallándome su lucecita en mi ropa y las azucenas que salían en cuanto llovía.

Harto de que yo no era responsable de algo nuevo decidí ir a la cuidad con todos mis ahorros, claro, era distinta a mi pueblo, mi querido Tangamandapio. En un pasaje vi una zapatería, entré muy orgulloso y en el centro había un par de tenis, los más nuevos según la chica que me atendió, pedí de mi talla, no supe abrocharlos, la chica dijo que se llamaban agujetas, nadie tenía tenis en el pueblo así que los compre.

En la noche no podía amarrarlas y ya no quise presumir que tenia algo nuevo.

Reina Leticia Winkler Campos.