Me desperté, le dije buenos días a mi novia y esperé en la cama hasta despertar completamente. Al levantarme de la cama y con el ánimo de empezar bien el día, sentí en mi pecho una fuerza que empujaba hacia adentro, como cuando corro dejando entrar mucho aire a mis pulmones y duele. No le di importancia, en ese momento recordé que tenía que terminar de redactar el examen de francés para los alumnos del colegio, aunque no tenía ganas de sentarme a dedicarle mucho tiempo, lo hice. No pude en ningún momento acomodarme bien, sentía irritación en mi espalda, que atribuí a las siestas en la playa en días de verano que ciertamente son dañinos.
Terminé por fin de redactar el examen y me dispuse a preparar mi comida, durante el proceso tire todos los trastes que estaban en el estante, la alacena quedo toda revuelta y no podía entender como había podido despertar tan torpe. Mientras yo estaba en casa mi novia había salido a hacer algunas diligencias, cuando regresó lo primero que vio fue una planta en medio de la cocina, una planta con ramas largas y espinosas de hojas chicas pero gruesas que salía de mi espalda. Tire todo lo que estaba detrás de mí cuando me levante para saludar a mi novia. Ella estaba ahí parada viéndome, cosa que me desesperó, porque los platillos que estaba preparando se habían empezado a quemar y no me ayudaba porque estaba ahí parada viéndome. Tuve que preparar una guarnición y pedir pizza para llevar, porque se hacía tarde.
Terminamos de comer y fui al colegio a aplicar los exámenes, los alumnos estaban muy nerviosos porque se dieron cuenta que el examen estaba muy difícil, pues claro, era el examen extraordinario. Me fui feliz porque no incomodé a nadie con mis acciones pero sí con mis evaluaciones.
Regresé a casa y tuve que podarme un poco para dejar descansar a mi novia.
Gonzalo Avilés
Taller U.M.
Gonzalo Avilés
Taller U.M.




0 comentarios:
Publicar un comentario