En Tangamandapio las cosas nuevas eran sorprendentes. Recuerdo que una familia compró una televisión, todos querían verla, la familia puso horarios pero sólo los familiares y amigos la veían, lo bueno fue cuando tuvieron la primera alberca, el padre cobraba la entrada y sí valía la pena en ese entonces.
Otra cosa que recuerdo son los animales, como las luciérnagas con las que jugaba tallándome su lucecita en mi ropa y las azucenas que salían en cuanto llovía.
Harto de que yo no era responsable de algo nuevo decidí ir a la cuidad con todos mis ahorros, claro, era distinta a mi pueblo, mi querido Tangamandapio. En un pasaje vi una zapatería, entré muy orgulloso y en el centro había un par de tenis, los más nuevos según la chica que me atendió, pedí de mi talla, no supe abrocharlos, la chica dijo que se llamaban agujetas, nadie tenía tenis en el pueblo así que los compre.
En la noche no podía amarrarlas y ya no quise presumir que tenia algo nuevo.
Reina Leticia Winkler Campos.




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