viernes, 9 de abril de 2010

La Satja Azul II


Cuando despertamos creíamos que el enemigo nos había encontrado en los ataúdes de hielo y hecho prisioneros, sólo hasta que vimos las líneas dentadas en los uniformes de los supuestos captores, entendimos que estábamos en nuestra tierra, en la Sildavia del futuro, como prometió el chamán. Nos dolía el cuerpo y a penas podíamos hablar; sin embargo, como guerreros del Filo sagrado, nos levantamos a tomar el camino encomendado por Catulgo. Preguntamos que dónde estaba la satja azul; nadie entendió, hablaban una lengua extraña, sildaviana pero con cierto acento borniano. Por eso desconfiamos. Cuando quisieron acercarse, desenvainamos y Sorke puso su satja en el cuello de uno de ellos. Entonces llegó el anciano de blanco, doctor Tomerian dijo llamarse, él nos hablo de una manera que entendimos mejor. Explicó que el acento se debía a que Bornia ahora no era más que una colonia sildaviana y que había gente de esa detestable nación trabajando como esclavos. A pesar de su rostro afable, yo sentí que mentía, sobre todo cuando dijo que nos llevaría a donde la Gran Hoja celeste si dejábamos nuestras armas ahí. Claro, no aceptamos esa ofensa a nuestra hombría. Después de mucho secreteo en su dialecto, aceptaron llevarnos con todo y satjas a…

4 comentarios:

Julio Ortiz | 9 de abril de 2010 a las 21:31

cotinuará...

C.R. García | 10 de abril de 2010 a las 9:41

Este cuento (es cuento, verdad?) viene en tu libro?

Julio Ortiz | 13 de abril de 2010 a las 19:58

No. Es nuevo, para esta revista; voy a entregar una parte cada semana. ¿Se puede?

C.R. García | 14 de abril de 2010 a las 7:20

Por supollo

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