viernes, 23 de abril de 2010

¿Te veré en el desayuno?





Me gusta leer sobre personas como yo o como tú, que trabajan, que van a hacer las compras, que sufren las frustaciones más comunes como no tener un carro bueno o estar pasados de peso. Me gusta saber las posibilidades en la vida de un burócrata, de una prostituta o una chica de padres religiosos. Preguntarme si yo haría lo mismo, aconsejarles en mis diálogos imaginarios. Me gusta pensar que de lo más común se puede hacer una novela, si se es buen narrador. El desconsuelo es tan bello como cualquier otro sentimiento humano.

¿Te veré en el desayuno? 

Quién que haya pasado una noche loca con alguna persona que pareciera haber salido del sueño etílico, no se hizo esa pregunta.


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