viernes, 27 de agosto de 2010

Día de examen

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Me desperté, le dije buenos días a mi novia y esperé en la cama hasta despertar completamente. Al levantarme de la cama y con el ánimo de empezar bien el día, sentí en mi pecho una fuerza que  empujaba hacia adentro, como cuando corro dejando entrar mucho aire a mis pulmones y duele. No le di importancia, en ese momento recordé que tenía que terminar de redactar el examen de francés para los alumnos del colegio, aunque no tenía ganas de sentarme a dedicarle mucho tiempo, lo hice. No pude en ningún momento acomodarme bien, sentía irritación en mi espalda, que atribuí a las siestas en la playa en días de verano que ciertamente son dañinos.
Terminé por fin de redactar el examen y me dispuse a preparar mi comida, durante el proceso tire todos los trastes que estaban en el estante, la alacena quedo toda revuelta y no podía entender como había podido despertar tan torpe. Mientras yo estaba en casa mi novia había salido a hacer algunas diligencias, cuando regresó lo primero que vio fue una planta en medio de la cocina, una planta con ramas largas y espinosas de hojas chicas pero gruesas que salía de mi espalda. Tire todo lo que estaba  detrás de mí cuando me levante para saludar a mi novia. Ella estaba ahí parada viéndome, cosa que me desesperó, porque los platillos que estaba preparando se habían empezado a quemar y no me ayudaba porque estaba ahí parada viéndome. Tuve que preparar una guarnición y pedir pizza para llevar, porque se hacía tarde.
Terminamos de comer y fui al colegio a aplicar los exámenes, los alumnos estaban muy nerviosos porque se dieron cuenta que el examen estaba muy difícil, pues claro, era el examen extraordinario. Me fui feliz porque no incomodé a nadie con mis acciones pero sí con mis evaluaciones.
Regresé a casa y tuve que podarme un poco para dejar descansar a mi novia. 


Gonzalo Avilés
Taller U.M.

miércoles, 11 de agosto de 2010

AZUL MARINO

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El viaje comenzó hace mucho tiempo, aun no sabemos cuando, todo está tranquilo y azul alrededor. Nuestro cachalote se encuentra cerca, siempre le hablamos de los peligros de nadar sol@s a distancia.

A lo lejos escuchamos a otro grupo de viajeros, no podemos verlos, pero sí escucho el canto de su tristeza. ¿Por qué están tan tristes? ¿Estarán perdidos?

Al aproximarnos ya no es tan azul y cada vez es más triste, ya no podemos ver nada, está muy oscuro y algo sabe mal… sabe a crudo…espeso…ya todo es negro…sabe a nada. Sabía que no debía seguir la corriente.

Waka Fischer
Taller de la U.M.

Las agujetas

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En Tangamandapio las cosas nuevas eran sorprendentes. Recuerdo que una familia compró una televisión, todos querían verla, la familia puso horarios pero sólo los familiares y amigos la veían, lo bueno fue cuando tuvieron la primera alberca, el padre cobraba la entrada y sí valía la pena en ese entonces.

Otra cosa que recuerdo son los animales, como las luciérnagas con las que jugaba tallándome su lucecita en mi ropa y las azucenas que salían en cuanto llovía.

Harto de que yo no era responsable de algo nuevo decidí ir a la cuidad con todos mis ahorros, claro, era distinta a mi pueblo, mi querido Tangamandapio. En un pasaje vi una zapatería, entré muy orgulloso y en el centro había un par de tenis, los más nuevos según la chica que me atendió, pedí de mi talla, no supe abrocharlos, la chica dijo que se llamaban agujetas, nadie tenía tenis en el pueblo así que los compre.

En la noche no podía amarrarlas y ya no quise presumir que tenia algo nuevo.

Reina Leticia Winkler Campos.

Las agujetas

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Daba vueltas por todo el lugar, tenía que moverse para no sentir la angustia y la sensación inmensa de cúmulo de preocupaciones, sensaciones y angustias que lograban somatizarse y reflejar en su cuerpo como zanjas de carne y sangre, el dolor de su alma. El espacio era sobre todo muy pequeño y no podía disponer de su libre albedrio y no lo haría ya más, esta sentencia era difícil de aceptar. Recordaba a su madre y se decía que no era posible no poderle decir que lo sentía enormemente, recordaba todo lo que había hecho, una y otra vez recorría su memoria, como carrera de circuito iba su mente recorriendo cada uno de los recónditos espacios que  había olvidado. El dolor seguía ahí y sentía que no tenía ninguna intención de irse. El malestar crecía y su cuerpo su cuerpo pudo sentir por primera vez cada una de las partes que lo conformaban, desde las uñas de los pies pasando por las articulaciones, la piel, extremidades, tronco, cuello, cabeza, inclusive muy a pesar de que su mente lo rechazó podía sentir como todo el cuerpo y hasta sus órganos internos se llenaban de dolor y angustia. Su caminar devino frenético, estaba cansado pero no pudo parar, continuó, el lugar no le permitía detenerse. De repente, el cuerpo dejó de moverse, la imagen de una mujer se ancló en su mente, de repente esa imagen se convirtió en niño, lo vio jugar con la alegría que sólo los niños pueden experimentar, lo vio fuera de la casa que solo reconocía en sus recuerdos, la casa de sus padres ya no existía, su cuerpo se dobló abruptamente y cayó sentado en la litera de abajo su cabeza cayó viendo hacia el suelo, su  espalda se había arqueado hacia adelante, ya no tenía más voluntad, reconoció en aquel niño la voluntad de vivir, se reconoció a si mismo en un momento de esperanza, quería llorar y poder salir corriendo para expresarles su nueva manera de ver, al fijar su mirada en el suelo vio las agujetas de sus zapatos y se reconoció encerrado, todo aquellos sentimientos y angustias que lo habían hecho caer sentado lo ayudaron a levantarse, los sentimientos lo invadieron y sintió de nuevo fuerza y valor, volvió a ver las agujetas y finalmente fueron ellas quienes le ayudaron a salir. 

Gonzalo Avilés
Taller de la U.M.

ANTAZIL Y BONDUR

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Final alternativo al cuento "El juego más antiguo", de Alberto Chimal.

Inmediatamente se convirtió en dragón y la espada se incrustó en ella sin poder liberarse, por lo cual llegaron a una encrucijada. Antazil y Bondur tomaron su forma humana y Antazil sangraba de un brazo.
-         Hermana mía, veo que te has vuelto muy poderosa, te reconozco tu empeño y me declaro vencida, no sin antes darte un abrazo fraternal de derrota.
Bondour se transformó en espada de nuevo y le dijo.
-         Hermana mía detente ahí y nos vemos en otros mil años.


Waka Fischer
Taller de la U.M.

lunes, 9 de agosto de 2010

SOMOS OTROS DOS LOCOS

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Por dos cholos, como poros con lodo, no sólo chocó don Romo; como toro, todo loco los tocó, no sólo por joto, como sol sonoro por choncho o por cómodo. Son dos cholos como locos por choros.

Waka

domingo, 8 de agosto de 2010

Jesusita

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Esa mañana Jesusita supo que iba a morir. Al despertar se santiguó tres veces, rezó un Ave María y un Padre nuestro. Se dio un baño, se peino y se puso el mejor vestido que tenia, lo guardaba para las fiestas del Pueblo, pero esta era una ocasión especial.

Mientras rezaba se dispuso a barrer aquella casa que había quedado tan llena de polvo desde la inundación, cuando “hasta el cielo se cayo” dijo el señor cura cuando vio como la Iglesia desapareció entre el río de lodo y agua que no respeto ni a los muertos y se llevo de paso el Camposanto.

Barría y barría pero la casa no se limpiaba, quien sabe de donde salía tanto polvo, seco y con olor a muerto, se levantaba y todo se veía como en un sueño. Mientras barría recordaba aquel ruido sonoro, dicen que fue cuando se reventó la presa, fue como una explosión decía la gente, cuando no le dio tiempo ni de subirse a sus azoteas que soportaban la lluvia pesada desde la madrugada.

Después se dispuso a coser un vestido que le había encargado la sobrina del dueño de la farmacia del pueblo, Ella ya había dispuesto que con lo que le pagaran iría a la peregrinación de nuestra Señora de La Paz.

Y así sin darse cuenta y ocupada, se le hizo tarde y al ver desde su ventana el ocaso, se santiguó de nuevo y guardó su costura en un pequeño baúl de su cuarto. Dispuso todo para acostarse y se aseguro que no hubiera ninguna vela prendida. Rezó una Ave María y un Padre nuestro. Se dispuso a descansar para al siguiente día volver a vivir ese día en el que moriría otra vez.

José Joaquín Maldonado
(Taller de narrativa U.M.)

Al otro lado de la puerta

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 Al otro lado de la puerta todo era diferente, el eco cortaba con el filo de un cuchillo se respiraba el frío como un veneno fantasmal, apenas un pie dentro y deseabas desaparecer, se sentían marchitar los ojos de la angustiosa imagen de una madre despidiendo a su hijo, murmullos, melancolías que extrañaban esa vida que nunca podrían tener y tatuándose eternamente en su recuerdo sus sonrisas y juegos, tras de mí flores y coronas ahogadas por la lluvia y abandonados por los dolientes. No hubo más que desaparecer, suprimir su actitud de verdugo, permanecer lejos hasta que la lluvia cese, hasta que la mujer se agote de llorar y pueda soportar el recuerdo de ese desordenado final.

Paulina 
(Taller de narrativa U.M.)
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Rosas 
Un anciano viudo con sus perros Coral y Cometa se encontraba sentado en su sofá acariciando a cada uno. En el tocadiscos se escuchaba su canción favorita, en eso Cometa sale disparado tirando algunas cosas de valor, el anciano abrió sus ojos como platos y corrió como pudo a recoger las cosas, entre ellas había un portarretrato, lo tomó dulcemente y lo colocó en el centro de la mesa.


Con sus perros salió al exterior con ese brillante sol. Entre una panadería y una zapatería había una florería muy popular entre los habitantes, como cada semana compró una docena de rosas, la mitad rojas y la otra blancas. Caminó hasta la quinta avenida, en la esquina había una tienda de antigüedades, Coral y Cometa se sentaron justo al lado de su amo. El anciano volteó de derecha a izquierda cinco veces, esperó y esperó, pasó una hora, dos, tres, cuatro horas y ella nunca llegó. El anciano nuevamente se sintió mal, su esposa fallecida no llegó.

Todos los días el anciano iba a ese lugar, donde la conoció al salir de esa tienda para volverla a enamorar.


Descripción de una fruta a un alien

Te pica al tocar su cáscara, después de comerla te deja una sensación extraña en tu boca, su color es el de las hojas antes de caer. Nunca olvides que tiene una gran corona en la cima como la de tu líder. Antes de comerla descorona y desnúdala bien.


Reina Leticia Winkler Campos.
(Ejercicios del taller de narrativa U.M.)