domingo, 8 de agosto de 2010

Jesusita


Esa mañana Jesusita supo que iba a morir. Al despertar se santiguó tres veces, rezó un Ave María y un Padre nuestro. Se dio un baño, se peino y se puso el mejor vestido que tenia, lo guardaba para las fiestas del Pueblo, pero esta era una ocasión especial.

Mientras rezaba se dispuso a barrer aquella casa que había quedado tan llena de polvo desde la inundación, cuando “hasta el cielo se cayo” dijo el señor cura cuando vio como la Iglesia desapareció entre el río de lodo y agua que no respeto ni a los muertos y se llevo de paso el Camposanto.

Barría y barría pero la casa no se limpiaba, quien sabe de donde salía tanto polvo, seco y con olor a muerto, se levantaba y todo se veía como en un sueño. Mientras barría recordaba aquel ruido sonoro, dicen que fue cuando se reventó la presa, fue como una explosión decía la gente, cuando no le dio tiempo ni de subirse a sus azoteas que soportaban la lluvia pesada desde la madrugada.

Después se dispuso a coser un vestido que le había encargado la sobrina del dueño de la farmacia del pueblo, Ella ya había dispuesto que con lo que le pagaran iría a la peregrinación de nuestra Señora de La Paz.

Y así sin darse cuenta y ocupada, se le hizo tarde y al ver desde su ventana el ocaso, se santiguó de nuevo y guardó su costura en un pequeño baúl de su cuarto. Dispuso todo para acostarse y se aseguro que no hubiera ninguna vela prendida. Rezó una Ave María y un Padre nuestro. Se dispuso a descansar para al siguiente día volver a vivir ese día en el que moriría otra vez.

José Joaquín Maldonado
(Taller de narrativa U.M.)

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