domingo, 8 de agosto de 2010

Al otro lado de la puerta


 Al otro lado de la puerta todo era diferente, el eco cortaba con el filo de un cuchillo se respiraba el frío como un veneno fantasmal, apenas un pie dentro y deseabas desaparecer, se sentían marchitar los ojos de la angustiosa imagen de una madre despidiendo a su hijo, murmullos, melancolías que extrañaban esa vida que nunca podrían tener y tatuándose eternamente en su recuerdo sus sonrisas y juegos, tras de mí flores y coronas ahogadas por la lluvia y abandonados por los dolientes. No hubo más que desaparecer, suprimir su actitud de verdugo, permanecer lejos hasta que la lluvia cese, hasta que la mujer se agote de llorar y pueda soportar el recuerdo de ese desordenado final.

Paulina 
(Taller de narrativa U.M.)

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